18·12·2008

(Actualidad)

Los adolescentes con síndrome de Down viven un periodo de rechazo a su discapacidad

La psicóloga Ana Belén Rodríguez, experta en educación, ofreció una charla en DOWN VIGO sobre la adolescencia asociada al síndrome de Down con interesantes recomendaciones para los padres que resumimos aquí.

Descárgate aquí el documento completo.

Ana Belén Rodríguez, coordinadora del programa de recursos educativos de DOWN MALAGA y de la Red de Educación de DOWN ESPAÑA, seña que «muchos padres se preguntan cómo será la adolescencia de sus hijos, e incluso algunos piensan que sólo presentarán un crecimiento corporal, pero esto no es así, pues la adolescencia de las personas con síndrome de Down es semejante a la de los demás jóvenes«.

Es muy importante que expliquemos a los hijos con trisomía 21 los cambios que su cuerpo va experimentar: en las mujeres, el primer signo de que la pubertad se pone en marcha suele ser el desarrollo mamario, acompañado de la aparición del vello púbico; en los varones, éste último hecho se une al aumento de tamaño de los testículos y del pene.

Muchos de estos cambios son vividos por vuestros hijos con confusión, angustia y poca normalidad debido a la falta de información que, generalmente, se les proporciona.

Es aquí donde los padres juegan un papel esencial, pues tienen que informar a sus hijos cuantas veces lo necesiten. La consigna es que «no debemos esperar a situaciones de crisis para explicar las cosas, debemos anticiparnos a los acontecimientos».

Ante todo, hay que tener en mente que la educación sexual no es sólo hablar de sexo. Ésta incluye comprender una serie de temas fundamentales, como distinguir lo que es privado y público, el contacto y sus limites, las habilidades sociales, las relaciones, las partes del cuerpo, la toma de decisiones, las actividades sexuales, etc.

Esta educación sexual resulta fundamental porque «la sociedad espera que la persona con síndrome de Down adopte comportamientos sexuales socialmente aceptados, pero no les ofrecemos una educación eficiente que los capacite para conducirse de manera responsable».

Precisamente, esta necesidad de informar a nuestros hijos se convierte en trascendental porque «cuando algún joven con síndrome de Down presenta una conducta inadecuada o que no es propia de su edad, se tiende a juzgarlo más severamente que si la hubiera realizado cualquier otro muchacho».

RECHAZO
Un momento fundamental de la adolescencia de nuestros hijos con síndrome de Down viene en la conocida como «etapa de la negación».

«Nuestros jóvenes en esta fase manifiestan rechazo hacia otras personas con síndrome de Down o con otra discapacidad. Vivimos situaciones en las que muchos de nuestros alumnos no quieren ir al aula de apoyo y no quieren trabajar con otro material que no sea el de su clase. Todo aquello que marque la diferencia con su grupo es rechazado. En ocasiones incluso llegan a rechazar su condición de persona con síndrome de Down».

En esta etapa es muy importante contar con un grupo de referencia y fomentar las relaciones con otras personas con discapacidad intelectual.

TOMAR EN SERIO A NUESTROS HIJOS
Muchos padres no toman en serio los enamoramientos y noviazgos de sus hijos con síndrome de Down, pero para ellos significa una valiosa experiencia que les posibilita demostrar su interés por otra persona, disfrutar de su compañía y sobre todo, tener a alguien con quien compartir sus sentimientos.

RECOMENDACIONES
Por todo ello, Ana Belén Rodríguez realiza las siguientes recomendaciones.

  • Dar mensajes claros: es un error decir a la misma cosa «no» un día y «si» otro día. Dar mensajes claros ayuda a crear una base de confianza.
  • Aprender a escuchar.
  • Tratar a tu hijo con el mismo grado de respeto con el que espera que te trate a ti.
  • Dar mensajes positivos. Cada vez que se presente la ocasión, recuérdale que le quieres. Cuando se haya arreglado, dile que está muy guapo. Cuando ordena su habitación sin que se lo hayas pedido, coméntaselo de tal forma que se sienta orgulloso.
  • Implica a tu hijo en las conversaciones, no hagas como si no estuviera, termina tus frases con otra que invite a la comunicación.
  • Lograr una coherencia entre lo que predicas y lo que practicas («no interrumpas cuando hablo», pero nosotros interrumpimos cuando ellos hablan).
  • Escuchar con atención a tu hijo cuando te habla. No hagas otra actividad mientras él habla, y si estás haciendo algo cuando empiece, para. Mira a tu hijo, escucha y ofrécele un comentario cuando termine.