05·07·2019

(Actualidad)

El té verde podría ser clave en la investigación sobre el síndrome de Down

Un estudio de la doctora en neurobiología Mara Dierssen ha demostrado que una molécula del té verde puede proporcionar una mejoría en la memoria y el aprendizaje de las personas con trisomía 21.

Según una reciente investigación que comenzó para estudiar las alteraciones cognitivas de las personas con síndrome de Down, el té verde podría ayudar a mejorar el aprendizaje y la memoria de los individuos de este colectivo. Para comenzar este estudio, la doctora en neurobiología, Mara Dierssen, junto al profesor Jesús Flórez, necesitaban disponer de un modelo animal que permitiera observar dichas alteraciones. Lo encontraron en ratones y a raíz de ahí, empezaron a estudiar cuáles son los genes que están en el cromosoma extra que tienen las personas con síndrome de Down, tal y como explica la científica en una entrevista para el diario El Confidencial.

Los individuos con dicha alteración genética tiene tres copias distintas del cromosoma 21 y, por tanto, tienen todo un grupo de genes que están en exceso. El fin de la investigación era saber cuáles son esos genes para explicar las alteraciones cognitivas y qué hacer para normalizarlas. Dierssen y su equipo dieron con el gen que buscaban y, según afirma la doctora en neurobiología, “se trataba de una enzima, una especie de interruptor que tiene el poder de influir sobre otras muchas cosas”.

“Pusimos en exceso de dosis esta enzima, que se llama dirc 1, y lo que vimos es que era suficiente para producir las alteraciones de aprendizaje y memoria en el ratón”, apunta. El siguiente paso era hacer ese experimento en un ratón con trisomía, y fue entonces cuando vieron que al normalizar el dirc 1 se conseguían corregir déficits de aprendizaje y también alteraciones neuronales.

Una vez localizado el gen y la enzima que le influía, debían encontrar una sustancia que tuviera propiedades inhibidoras sobre dirc 1. El té verde fue la clave, pues contiene una sustancia que favorece la plasticidad que uno consigue cuando aprende. Según indica Dierssen, “no se trata de una píldora mágica, sino que es algo que ayuda a que la intervención temprana tenga un efecto más eficaz. Es mucho más fisiológico pero requiere que la persona haga un esfuerzo también”.

Estudio con niños de entre seis y 12 años

Después de trabajar con esta sustancia del té verde, en un primer ensayo en adultos y comprobar que se trataba de un fármaco seguro, lo pusieron a prueba entre personas con síndrome de Down. El resultado fue positivo ya que apreciaron cierto avance cognitivo, a pesar de que en la edad adulta la persona es más difícil valorar los efectos del estudio. Por eso, el equipo de científicos que lidera Dierssen, ha comenzado un estudio clínico de seguridad con población de entre seis y 12 años en el que participan el Hospital Niño Jesús (Madrid), el Instituto Hispalense de Pediatría (Sevilla), el Hospital Universitario Marqués de Valdecilla (Santander), el Hospital del Mar (Barcelona) y el Instituto Jérôme Lejeune (París).

“La idea es que a esas edades hay mucha más capacidad plástica en el cerebro y pensamos -y esperamos- que esa catequina sea mucho más eficaz en ellos. Hubiésemos ido mucho más rápido si hubiéramos tenido recursos, pero la falta que fondos económicos nos ha retrasado muchísimo”, finaliza Dierssen en la entrevista en la que aprovecha para recordad la falta de inversión en este área científica.