28·09·2017

(Actualidad)

“Hay niños sin discapacidad a los que es más complicado introducir en el rugby que a uno con síndrome de Down”

Descubre qué es el rugby inclusivo en esta entrevista al presidente del equipo madrileño San Isidro Rugby Club.

Francisco José Devesa Medina, más conocido como Curro, es el presidente del San Isidro Rugby Club, de Madrid, referente nacional en la inclusión de personas con síndrome de Down en este deporte.

El San Isidro es uno de los equipos que con más fuerza está apostando por la práctica del deporte inclusivo, y es uno de los clubes que forman parte de la inciciativa ‘Unión por el rugby inclusivo’ de DOWN ESPAÑA en colaboración con Fundación Sanitas.

En la siguiente entrevista Curro nos muestra cuáles fueron los inicios del club en materia de inclusión y aporta su perspectiva sobre lo que es el rugby inclusivo. Además, ofrece claves y consejos a otros clubes que quieran comenzar esta metodología.


Pregunta: La historia del San Isidro Rugby Club se remonta 1992. Este mes celebráis el 25 aniversario de un club que nació para reivindicar los valores tradicionales del rugby, ¿cuáles son esos valores, y de qué forma los fomentáis hoy en día?

Respuesta: Los valores del rugby, aparte de los propiamente deportivos: esfuerzo, constancia, compromiso…, van más allá e implican una forma de vida, en la que el sentimiento de amistad y compañerismo es santo y seña para nuestro deporte. A lo largo de mi vida profesional -muchas veces en reuniones-, con simple hecho de encontrarse dos rugbiers, cambia el encuentro o la forma de enfocar los temas.

Al comienzo, el Club era un punto de encuentro de gente, más o menos jóvenes, con los mismos intereses: rugby y pasarlo bien. Con el paso de los años llegaron los matrimonios, los hijos y nos hicimos mayores y nuestros intereses cambiaron, buscando y fomentando un entorno familiar donde la participación de todos se haga vital. Esta participación fomenta la creación de vínculos de amistad que trascienden el ámbito deportivo y perduran a lo largo de los años.

P: ¿Cuándo comenzasteis a dar oportunidades a personas con discapacidad? ¿Cómo surgió la iniciativa?

R: La inclusión está en el ADN de nuestro Club, en principio nos limitábamos a la máxima de ‘que nadie deje de jugar por ninguna causa’, por lo tanto nunca hemos preguntado por la condición económica, ideología política o religiosa, condición sexual etc. por que simplemente queremos hacer rugby.

Por ello en muchas ocasiones unos jugadores o socios becaban a otros jugadores, hemos acogido a inmigrantes en situación irregular dándoles un entorno de integración en nuestra sociedad, etc.

Con la creación de la escuela en 2012 nos planteamos dar un paso al frente en este tema y era poner foco en la inclusión a niños y personas con discapacidad. En un principio incluía la idea del rugby en silla de ruedas, pero lo tuvimos que dejar por la dificultad en encontrar espacios y jugadores; con lo cual, al final sólo hemos desarrollado en la escuela la inclusión de discapacidad intelectual.

La inclusión de personas con síndrome de Down, vino por sí sola. Rafa (padre de Nicolás) me preguntó si habría problema en que bajara al chico al entrenamiento y naturalmente la respuesta fue que ninguno. A partir de ahí no hemos dejado de sorprendernos.

P: ¿Qué le dirías a quien piensa que el rugby es un deporte agresivo, y que su práctica puede entrañar algún peligro?

R: Simplemente que lo prueben. En primer lugar porque, a diferencia de otros deportes, el rugby es un deporte progresivo en el que los conceptos y normas del juego se van añadiendo según se sube de categoría, llegando a Sub16 con toda la carga del juego. En segundo lugar, porque en las categorías de formación la competición está muy controlada para evitar riesgos.

Eso no quita que al ser un deporte de contacto los jugadores puedan sufrir golpes, pero no más de los que pueden tener en cualquier otro deporte.

P: ¿Qué trabas tiene un jugador con síndrome de Down que no tenga uno sin discapacidad?

R: A mi modo de entender y con ya 4 años de experiencia, ninguna. Cada niño es un mundo en sí mismo y os puedo asegurar que hay niños sin discapacidad a los que es más complicado introducir en el juego que a un niño con síndrome de Down.

P: ¿Qué diferencias prácticas hay entre un jugador con síndrome de Down y uno sin discapacidad? ¿Tiene que tener una preparación distinta?

R: Igual que anteriormente, no veo ninguna, quizás la necesidad de que en los primeros días o meses de la actividad uno de los padres esté cerca para darle seguridad y evitar que pierda la atención. Pero, repito que ese mismo caso nos ocurre con otros muchos niños.

P: ¿De qué forma participan los jugadores con síndrome de Down en la dinámica del club? ¿Son ‘un miembro’ más?

R: No dejan de ser niños y los niños siempre son capaces de darnos lecciones a los mayores. Recuerdo que cuando Nico debía pasar por edad de Sub8 a Sub10, su padre Rafa y yo hablamos de dejarlo en Sub8 para ver cómo evolucionaba. Desde ese día Nico estaba ausente, no participaba. Un día llegó al entrenamiento y se cambió de grupo yéndose con los Sub10, con sus amigos. En resumen nos dio una lección.

P: ¿Los jugadores con síndrome de Down, toman parte en los partidos?

R: Sí, con absoluta normalidad. Están federados y compiten en las ligas de Madrid y en los campeonatos de España a los que acudimos todos los años. En estos partidos participan con absoluta normalidad siendo uno más de los jugadores.

P: ¿Es necesario adaptar los entrenamientos o las instalaciones para las personas con síndrome de Down?

R: Cuando se habla de inclusión tenemos que ser conscientes de que son uno más, por lo tanto los entrenamientos e instalaciones son las mismas que para el resto, teniendo la lógica atención y dedicación por parte de los monitores para que entren en la dinámica del grupo. Sin olvidar lo que ya he comentado anteriormente, en la que solicitamos la colaboración activa de padres al principio, para que ayuden al jugador a entrar en las dinámicas y cuya duración depende de cada niño.

P: ¿Qué suelen pensar los miembros del equipo de sus compañeros con síndrome de Down? ¿Y los padres de los ‘lagartijas’?

R: La experiencia es absolutamente gratificante, los compañeros les tratan como uno más dándonos de nuevo lecciones de lo que es inclusión. Por parte de los padres absoluta colaboración y hasta cierto orgullo de participar de alguna forma en esta iniciativa.

P: ¿Qué le puede aportar el rugby a una persona con síndrome de Down?

R: Esta sería una pregunta que deberían contestar los expertos o por padres; pero desde mi punto de vista, aparte de las mejoras en sus condiciones físicas, está la mejora en el aspecto social, haciéndole partícipe de una actividad como uno más. Este aspecto social es algo que los padres descubren con la participación de sus hijos.

Es importante destacar el aprendizaje por imitación que es algo que el rugby base utiliza mucho, ya que es importante para todos los jugadores el asumir movimientos de forma mecánica: pase, placaje, colocación, etc.

P: ¿De qué forma ha impactado la llegada de jugadores con síndrome de Down a la dinámica del club? ¿De qué manera se beneficia el San Isidro Rugby Club de la incorporación de estos jugadores?

R: Mentiríamos si dijésemos que no hemos tenido impacto. Hemos tenido impacto en cuanto a la organización del Club, lógicamente hemos comenzado de cero en esta actividad y creo el Club va un paso por detrás de la realidad que tenemos. Para solucionar esta diferencia tenemos que formar a nuestros monitores en temas de trabajo para la inclusión y tenemos que superar algunas barreras que nos seguimos encontrando.

Por otra parte, hemos obtenido un beneficio indudable de difusión de nuestro deporte al ser uno de los primeros clubes de rugby en promover la plena inclusión.

P: Desde la perspectiva del rugby federado, ¿qué encaje tiene los jugadores con síndrome de Down? ¿Están sujetos a la misma normativa?

R: Hoy por hoy el encaje es absoluto con la experiencia que tenemos de niños menores a 12 años, pero no sabemos dónde nos llevará el paso de los años. Cada jugador, al igual que pasa con sus compañeros, llegará donde pueda llegar, donde sus habilidades y capacidad física le dejen.

En cuanto a la normativa están sujetos a la misma que el resto de jugadores. Esto conlleva algún problema como, por ejemplo, la obligación en rugby formativo de llevar el bucal. Ciertos chicos con síndrome de Down tienen hipersensibilidad en la boca lo que les provoca que rechacen el uso de este protector. Es algo que se está buscando solucionar adaptando la norma FER en lo referente a este tema y para lo cual la Federación Madrileña de Rugby presentó una propuesta en la Asamblea de la FER a instancias nuestras. No se trata de que no lo usen, se trata de que se les permita un periodo de adaptación hasta que al final lo puedan usar.

P: ¿Por qué recomendarías a unos padres que valoren apuntar a su hijo con síndrome de Down a un equipo de rugby?

R: Aquí puedo pecar de ser parte interesada, pero creo que lo deben valorar porque el rugby les dará mucho más de lo que ellos le den al rugby. A mí me lo ha dado.

P: ¿Qué pasos debería seguir un club que quiera incorporar a jugadores con discapacidad a sus filas?

R: En este tema soy muy radical: para hacer algo sólo hay que empezar a hacerlo. Eso es fundamental, hay que bajar al campo y trabajar con ellos. Luego ya llegará el momento de los cursos, conferencias, etc. pero lo primero es comenzar.

Instituciones como el Centro de Estudios del Deporte Inclusivo (CEDI, de Fundación Sanitas) desarrollan un intenso trabajo para fomentar este tipo de práctica deportiva.

P: ¿Les conocéis?, ¿habéis hecho algo en colaboración con ellos?

R: Sí, afortunadamente hemos colaborado con ellos y con DOWN ESPAÑA en las jornadas que realizan de deporte inclusivo y en la elaboración de la ‘Guía de Iniciación de entrenadores de Rugby Inclusivo’.

P: ¿Qué reclamarías del mundo empresarial o institucional para mejorar el acceso al deporte de nuestro colectivo?

R: Indudablemente al mundo empresarial y/o institucional hay que pedir apoyo en la parte a las que ellos tienen más fácil acceso o solución.

Al mundo empresarial que se implique con ayudas. Actualmente rugby e inclusión son un buen argumento para la responsabilidad social corporativa de las grandes corporaciones. Un ejemplo es el caso de Groupe Clarins que en la temporada 2017/2018 aportará material a la escuela quitando presión económica a las arcas del Club.

Desde las instituciones, mayores facilidades en la obtención de espacios deportivos y apoyo en las actividades de promoción. En este sentido queremos agradecer a la Junta Municipal de Fuencarral El Pardo del Ayuntamiento de Madrid (nuestro distrito) el apoyo que nos presta y que se plasmó hace varios años en un acuerdo para la promoción del rugby en el distrito.

P: DOWN ESPAÑA tiene una iniciativa llamada ‘Unión por el rugby inclusivo’, de la que el SIRC forma parte. Desde vuestra experiencia, ¿qué podrían hacer el resto de clubes y el mundo asociativo para impulsar este tipo de experiencias?

R: A mi modo de ver hay dos maneras de hacer inclusión: hablar de ella o hacerla. Particularmente preferimos hacerla.

Como ya dije anteriormente es una cuestión de comenzar a trabajar y proponérselo, los comienzos pueden parecer duros, pero luego las cosas salen y la satisfacción compensa el trabajo realizado.

Y siempre sumarse al proyecto y apoyarlo uniéndose a la ‘Unión por el rugby inclusivo’. El hecho de que cada vez más clubes participen en el proyecto, nos dará más visibilidad ante empresas e instituciones.