31·07·2018

(Actualidad)

DOWN ESPAÑA defiende un modelo educativo inclusivo basado en los principios de calidad, equidad, flexibilidad y respeto a la diversidad

Desde hace más de 15 años DOWN ESPAÑA aboga en sus declaraciones, publicaciones, documentos y posicionamientos por construir una sociedad abierta e inclusiva para las personas con síndrome de Down que elimine entornos segregados y específicos, y que fomente en ellas su autonomía, autodeterminación, libertad personal y la mejor calidad de vida posible.

En relación a la situación de la educación en nuestro país debemos enfrentarnos al hecho de que no habrá una sociedad inclusiva si nuestras escuelas no lo son, y que por tanto, nuestro sistema educativo debe cambiar y transformarse profundamente para que esa educación inclusiva deje de ser una utopía y para que las familias no tengan que elegir entre el principio de vida en inclusión que quieren para sus hijos e hijas, y la realidad de unos centros educativos segregados o no abiertos a la diversidad.

El II Plan Estratégico DOWN ESPAÑA 2016-2019 ya propone en su 1ª estrategia “promover la reivindicación de los derechos reconocidos en la Convención Internacional sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad ONU 2006 de las personas con síndrome de Down en todas las actuaciones de la Federación y de las entidades federadas” y como primer objetivo: “Aumentar la visibilidad y la extensión de prácticas educativas inclusivas en nuestro país y denunciar las situaciones de discriminación de derechos planteadas por nuestras entidades federadas, familias y personas con síndrome de Down”.

Este II Plan Estratégico define además la Misión de DOWN ESPAÑA: “Queremos facilitar la inclusión de las personas con síndrome de Down en todos los ámbitos de su vida y velar por el cumplimiento de la Convención Internacional sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad en España”.

En el año 2009 el Manifiesto de la Red Nacional de Educación de DOWN ESPAÑA, decía que entendemos que hacer efectivo el derecho a una educación exige garantizar que todos los niños y jóvenes tengan acceso a la educación, pero no a cualquiera, sino una educación de calidad con igualdad de oportunidades. Esto no podría ser de otra manera si aspiramos a que la educación, realmente, contribuya al desarrollo de sociedades más justas, democráticas y solidarias. El ejercicio de la educación inclusiva, recogido en un repertorio amplio de leyes y normas, debe garantizarse y llevarse a la práctica. Sabemos que avanzar hacia la inclusión supone eliminar las barreras de distinta índole que impiden o dificultan el acceso, la participación y el aprendizaje de todas las personas. Por ello la respuesta activa de la diversidad– en la que se incluyen las personas con síndrome de Down- es uno de los retos más importantes a los que se enfrentan en la actualidad los centros escolares, las familias y los representantes de las asociaciones e instituciones.

En este mismo manifiesto se afirma que “Aceptar la inclusión supone un proceso, que implica cambios en la filosofía, el currículum, la estrategia de enseñanza y la organización estructural en el sistema ordinario de la educación, sin renunciar a las ayudas o apoyos individuales que todo alumno pueda necesitar. Cada etapa educativa conlleva un reto para la inclusión, cada centro tendrá que buscar y desarrollar sus propias soluciones ante las características de su realidad educativa. Empezar por cambiar el contexto cercano, es la mejor estrategia para avanzar hacia cambios más globales y sistémicos”.

Por otro lado en el año 2016, DOWN ESPAÑA propuso a toda la sociedad en su III Plan de Acción para las personas con síndrome de Down y sus familias en España 2016-2020, el “Reto nº 2: Acceder a la educación inclusiva” entendiendo que los niños y niñas con síndrome de Down deben ser escolarizados de manera inclusiva en el centro ordinario de elección familiar, y que todo aquello que puede resultar imprescindible para favorecer el aprendizaje del alumnado con discapacidad intelectual va a ser positivo también para el aprendizaje del resto de compañeros.

También propuso como “Reto nº 3: Estar bien en la educación secundaria”, etapa que se tiene que caracterizar por una transición de la dependencia a la independencia, tanto dentro como fuera del recinto escolar y que debe acabar con la titulación en la misma, como llave más significativa a la vida adulta y reconocimiento a los esfuerzos realizados.

Por último cabe destacar la publicación Orientaciones para el apoyo a la Inclusión Educativaelaborada en 2013 como documento de referencia en torno a la Educación Inclusiva de DOWN ESPAÑA, que ya indicaba que “el derecho a la educación que se reconoce para las personas con discapacidad en el artículo 24 de la Convención Internacional de Naciones Unidas, reivindica necesariamente un sistema educativo inclusivo, para todas las personas y en todos los niveles escolares. Se trata de un imperativo legal en el que no cabe la educación especial, que debe ir migrando- en un período razonable- hacia estructuras prácticas plenamente inclusivas para todo el alumnado, sin distinciones, ni acepciones”. Se decía también que: “Un planteamiento inclusivo de la educación implica construir una escuela que esté abierta a todos. No es necesario seleccionar los estudiantes: todos deben ser recibidos, da igual cuáles sean sus características personales y sus necesidades educativas. Debemos promover entornos inclusivos donde todos los alumnos se sientan acogidos, valorados y respetados”; y que: “El centro educativo donde deben ser escolarizados los niños y niñas es indiscutible:  un colegio ordinario, el mismo donde van sus hermanos, sus amigos, sus vecinos…. Si conseguimos que aprendan juntos alumnos diferentes no sólo conseguiremos que aprendan, sino que también conseguiremos algo igual o más importante: que puedan aprender juntos, que puedan estar juntos en el centro educativo, que puedan convivir y vivir juntos. Si lo que pretendemos es progresar hacia una sociedad que no excluya nadie, hacia una sociedad incluyente, necesitamos avanzar, más que nunca, hacia una escuela inclusiva donde se eduque a las futuras generaciones en valores sociales que se aprenden únicamente en contextos de diversidad, como la igualdad, el reconocimiento y la valoración de la diferencia, la solidaridad, la empatía, la ayuda mutua o el compromiso con los demás. Una educación inclusiva que garantice a todo el alumnado el acceso a una cultura común que les aporte una capacitación y formación básica para la vida”.

Por todo ello seguimos planteando desde DOWN ESPAÑA, como hemos hecho siempre y de acuerdo con la última investigación sobre el cumplimiento de la Convención en España en materia de educación inclusiva, la conveniencia de que los Centros de Educación Especial desparezcan como centros de educación segregada de personas con discapacidad abriéndose a la comunidad educativa incorporando alumnos sin discapacidad o apoyando a los centros educativos ordinarios en su propio proceso de transformación inclusiva. La reforma inclusiva de la escuela va a necesitar cambios metodológicos y organizativos en los centros educativos, y todo conocimiento y saber práctico va a ser útil para facilitar el éxito de una transformación tan profunda. Pedimos a los poderes públicos que no se empeñen en mantener políticas del pasado, que no miren hacia otro lado y que aprueben leyes que comprometan obligaciones y compromisos de esa transformación, tanto de calendario a corto plazo como de medidas concretas que lo hagan posible. Pedimos que se aplique y desarrolle una Ley educativa que asegure todas las garantías de que la inclusión educativa va a contar con los apoyos y recursos que sean necesarios, teniendo siempre como objetivo el bien superior del menor con discapacidad y el apoyo a la construcción de una vida lo más plena posible para ellos.

 En DOWN ESPAÑA apoyamos la idea de que “la educación inclusiva es un reto y no un problema: es normal que los alumnos sean diferentes. Por lo tanto, más que preocuparnos por cómo podemos conseguir grupos homogéneos, debemos preocuparnos por cómo podemos enseñar juntos a alumnos heterogéneos con intereses, motivaciones, capacidades y ritmos diferentes. Una escuela de todos y para todos que no ponga requisitos de entrada ni mecanismos de selección o discriminación de ningún tipo, para hacer realmente efectivos los derechos a la educación, la igualdad de oportunidades y la participación de todo el alumnado, y contando para ello con el esfuerzo de todos los miembros de la comunidad educativa, las instituciones, los directivos, los profesores, padres, madres, asociaciones, y los alumnos para hacerlo posible”.

Desde DOWN ESPAÑA nos sentimos cercanos a la complicada situación de tantas familias a las que se les está forzando a elegir un centro educativo no inclusivo para sus hijos e hijas, ante la inexistencia de una realidad educativa acorde a estos tiempos y que, en gran medida, está por construir. Somos conscientes de que toca una época de esfuerzos, cambio y luchas para que la educación inclusiva se convierta en un derecho realmente irreversible, y también sabemos que como toda transformación profunda estos cambios no se conseguirán de inmediato…

La trayectoria de las organizaciones de familias de personas con síndrome de Down a lo largo de las últimas décadas no ha sido fácil, ni cómoda. Ha sido un camino con dificultades y obstáculos que ha requerido de grandes dosis de esfuerzo y empeño personal. Al fin y al cabo, lo que ha estado y sigue estando en juego, no es ni más ni menos que el derecho de nuestros hijos e hijas a vivir libres en una sociedad de la que formen parte: a vivir en inclusión. Desgraciadamente, no podemos delegar los cambios necesarios que habrá que acometer en materia de educación inclusiva en la mera gestión del Gobierno, o en la buena voluntad de los centros educativos o de las personas al frente de los mismos (el derecho a la inclusión no puede ser nunca una cuestión de suerte o azar). Es por eso que desde DOWN ESPAÑA os pedimos que demos juntos un salto hacia delante y miremos hacia el futuro: no hacia lo que somos, sino hacia lo que queremos ser. No hay otro camino que la inclusión. Y solo el tiempo demostrará que las dificultades, como las que ya vencieron anteriores generaciones de familias en relación a otras demandas, eran un peaje necesario para lograr una meta demasiado importante como para no poner todos nuestros esfuerzos en lograrla. Avancemos hacia la verdadera inclusión: la educación inclusiva es un derecho irrenunciable.